lunes, 8 de septiembre de 2008

La sociedad 2.0 precisa de nuevas estrategias de marketing turístico


El verano terminó y comienzan los amigos a escribir en sus bitácoras artículos en los que un servidor se siente reflejado. Jimmy Pons hace en su blog una interesante reflexión a la que invito a todos vosotros a leer por que en cierta forma, podremos esbozar una sonrisa al encontrarnos identificados en la misma. Como no podría ser de otra forma, tras su lectura realizo un comentario en su artículo, nobleza obliga, pero resulta que escribiendo el mismo y tal y como resulta habitual en la línea editorial de mi bitácora, el comentario toma cariz de post por lo que sin desear abusar de la bitácora y la paciencia de mi amigo, posteo la larga reflexión en la mía propia.

El primer relato tiene que ver con mis vacaciones. Este verano me decidí a estar conectado y con este objetivo me hice con un modem prepago de Vodafone. La verdad es que la vuelta al trabajo estos últimos veranos había sido de cierto engorro. El verano pasado dedique la primera semana a borrar y clasificar e-mails. Recibí 2.514 en un mes entre trabajo, newsletters y subscriciones. Me juré que este verano sería diferente.

El servicio contratado fue como mencione anteriormente con Vodafone. Era de entre los operadores del mercado nacional, el que mejor prestaciones me ofrecía. La idea era tener conexión ilimitada y poder así seguir en contacto con mis herramientas. Una vez abonado el contrato le hice la siguiente reflexión a la amable persona que me vendió el modem: “la verdad es que el servicio es muy ininteresante puesto que te permite con un pequeño modem 3G tener cobertura total en la pequeña isla en la que veraneo”. Ella me contesto, “si, es un producto muy competitivo que está teniendo mucho éxito este verano”. “Me puedo imaginar el uso que le darán personas como yo”, le conteste. “No” me corrigió, “los padres se llevan como churros este modem no ya para ellos, sino para que sus hijos no se aburran en el lugar de veraneo, padres de familia que no saben como tener a sus hijos ocupados. Les dicen a sus padres que se aburren, que no pueden seguir en contacto con sus amigos, que no pueden utilizar el Messenger,…”. Ciertamente me resulto curioso el comentario.

"papa no hay messenger, no hay vacaciones"

El segundo relato tiene que ver con cómo se desenvuelven los nativos digitales, los miembros del clan Generación Einstein. Como ya todos sabéis veraneo en la bellísima y singular Isla de La Palma. Hasta este año cuando sentía la necesidad de reclamar mi condición de inmigrante digital satisfacía la misma acercándome a un cibercafé o bien me conectaba directamente con el modem del móvil al portátil con la limitada velocidad que ofrece. Este año valoramos en la familia instalar una conexión ADSL en nuestra casa pero las prestaciones y las condiciones de los contratos de las diferentes operadoras me hicieron decantarme por el mencionado servicio de Vodafone. El verano empieza para mi el día en el que me rasuro el cabello al cero, es el ritual previo y necesario para que el veraneo comience y además es la antesala de la práctica de una de mis pasiones veraniegas es la pesca submarina. Para ello acudo a una pequeña playa en la costa donde tenemos la embarcación fondeada que nos permite desplazarnos a las distintas zonas de la isla donde practicamos tan apasionante deporte. Este año como todos, teníamos como meeting point la casa de un colega que tiene una “nativa digital” de 19 primaveras por hija. Un miembro de la Generación Einstein en toda regla. Cuando bajé por primera vez la playa le comenté “por cierto Shaily este año me traje un modem 3G con conexión ilimitada. ¿Quieres que te lo baje para conectarte?”. “Siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii”, exclamó. Y partir de entonces, todos los días me vi obligado a cedérselo por cortesía. Messenger, Twenti, Facebook, chateo, jerga y lenguaje específico del “clan” al que pertenecen, actualización de su página en Myspace y de su fotolog. Manejo del teclado de forma ágil y personal. Todo ello sincronizado y alternado con llamadas de móvil y descargas de música y fotos. De llamadas a fijo. De “pásame saldo que a mi ya no me queda”. Dejémonos de tecnicismos para los inmigrantes digitales solo existe una barrera y esta se llama SALDO. Alternan todas estas herramientas de comunicación con la necesidad de expresión, de autoexpresión y de comunicación con su entorno social más inmediato. Aunque estén separados “geográficamente” desean y necesitan comunicarse con los suyos. Nunca dejan de vivir experiencias, no sacrifican un chapuzón, una buena juerga o una película entre amigos por estar “conectados”. En absoluto. Nada más lejos de la realidad. No sacrifican un instante de su vida por internet y sin embargo, después de vivir la experiencia tiene la necesidad de comunicar la misma a su zona intima de referencia, a su entorno social y para ello utilizan los móviles, las cámaras digitales, el vídeo que vuelcan con ansiedad en sus páginas. Ojo digo páginas por que el despliegue es masivo. No utilizan una sola red social sino varias y además, con las consiguientes funcionalidades que te permiten cuando estas conectado, conocer en tiempo real que una amistad acaba de conectarse y se encuentra a tu disposición para poder comunicarte con el. Y todo ello por espacio de 20-30 minutos diarios. Se conectan, se comunican y desconectan. Es tan solo un ejemplo de lo que acontece a nuestro alrededor.

Y en el mismo escenario apuntado por Jimmy Pons en este mismo blog el año pasado en el post La sociedad 2.0 conecta mejor con los destinos: WIFI valor añadido para el turismo hablamos de la conveniencia –hoy más bien necesidad- de contar con zonas wifi para hacer más atractivo nuestros destinos. Este verano sin ir más lejos la playa de la Malvarrosa de Valencia ya contaba con zonas habilitadas para ello.


En mi opinión en la situación actual el tema de habilitar wifi o no, es una cuestión de competitividad y en la reflexión no alcanzo a entender como los hoteles siguen cobrando como servicio extra la conexión wifi; o por que los servicios de información turistica como las oficinas de turismo y los puntos de información no ofrecen gratuitamente dicha conexión; o los edificios administrativos, museos públicos,… hacen lo propio cuando la sociedad 2.0 tiene categorizado el acceso wifi como una comodity. Afortunadamente existen ejemplos de buenas prácticas y un pequeño hotel de montaña este verano en el balle de Benasque anunciaba así el servicio:



Esta es la realidad social que nos rodea. Fascinante para un inmigrante digital curioso el observar el fenómeno. Gracias nuevamente a Jimmy Pons por traer a colación la reflexión.

Publicar un comentario